Entró a mi casa.
Se quedó observando las fotografías de Lucy.
—Ella nunca me dejó venir aquí.
—Ya entiendo por qué.
Se acercó a una imagen.
—Esa chaqueta era mi favorita.
—¿Cuál?
—La azul.
—Lucy odiaba esa chaqueta.
Valentina sonrió.
—Por eso me la prestó.
La miré.
—¿La tienes tú?
Asintió.
Algo dentro de mí se rompió.
Durante dos años había buscado aquella chaqueta.
Pensé que se había perdido en la escuela.
—Me la dio una semana antes del accidente.
—¿Todavía la tienes?
—Sí.
La siguiente visita la trajo.
Cuando la vi tuve que sentarme.
Era una simple chaqueta azul.
Nada especial.
La abracé contra mí y lloré.
Valentina también.
—Perdón —dijo.
—No.
—Puedo devolvérsela.
—No.
La miré.
—Lucy te la dio a ti.
Fue la primera vez que sentí que no estaba perdiendo otra cosa.
Estaba descubriendo una parte de mi hija que nunca había conocido.