Las personas pueden contener contradicciones terribles.
Eso no significa que debamos justificar el daño.
Significa que la realidad rara vez cabe en una sola palabra.
Hace poco pasamos frente a la Escuela San Gabriel.
Valentina señaló la entrada.
—Todavía me da vergüenza haber utilizado la tarjeta de Lucy.
—A mí me alegra que lo hicieras.
—La secretaria pensó que yo era ella.
—Durante treinta segundos casi yo también quise creerlo.
Se quedó callada.
—Debe haber sido horrible.
—Lo fue.
Después la miré.
—Y también fue el día que te conocí.
Sonrió.
Pensé en aquella llamada.
“Lucy está aquí.”
La secretaria estaba equivocada.
Mi hija no había regresado.
Los muertos no vuelven porque deseemos desesperadamente que lo hagan.
Pero Lucy sí estaba presente de otra manera.
En una tarjeta guardada durante dos años.
En una carta.
En una chaqueta azul.
En un video.