📌 IMPORTANTE: El video relacionado a esta historia lo encontrarás al final del artículo.
Mi nombre es Clara.
Conocí a doña Amelia prácticamente toda mi vida.
Vivía tres casas más abajo de la nuestra, en una vivienda antigua con ventanas azules y un enorme árbol de aguacate en el patio.
Cuando yo era niña la veía barriendo la acera antes de las siete de la mañana.
Siempre impecable.
Cabello recogido.
Vestidos sencillos.
Y una expresión seria que hacía pensar que no le gustaban demasiado los niños.
Estábamos equivocados.
Cada diciembre preparaba galletas.
Los niños del barrio tocábamos su puerta.
Ella fingía molestarse.
—Otra vez ustedes.
—Solo queremos dos.
—La semana pasada también querían dos.
—Pero esas ya nos las comimos.
Doña Amelia terminaba riéndose.
Nunca tuvo hijos.
Su esposo, Ernesto, murió cuando ella tenía poco más de cincuenta años.