Mauricio trabajaba en ventas de software. Yo atendía recepción y organizaba citas en una clínica de rehabilitación tres días por semana.
Nuestra vida era aburridamente normal.
Hipoteca.
Uniformes escolares.
Partidos infantiles los sábados.
Ropa acumulada.
Discusiones por quién había olvidado comprar café.
Hasta que Mauricio dejó su tableta sobre la barra de la cocina.
Camila necesitaba descargar una aplicación para la escuela. Levanté la tableta y una notificación apareció en la pantalla.
“Extraño despertar contigo.”
El contacto estaba guardado como “Carlos Oficina”.
Mauricio no trabajaba con ningún Carlos.
Abrí la conversación.
La mujer se llamaba Valeria.
Había fotografías, reservaciones de hoteles, almuerzos falsos y mensajes que se remontaban once meses atrás.
El día del cumpleaños de Mateo, cuando Mauricio había salido diciendo que tenía una emergencia con un cliente, había estado con ella en un hotel boutique.