Negué lentamente.
“Eso es lo que todavía no entiendes.”
Mi padre tomó su impermeable.
“Durante los primeros años sí imaginaba este día. Pensaba que algún día vendrían a disculparse. Imaginaba a Diego admitiendo que fue un cobarde. A Mariana reconociendo que me trató como si yo hubiera provocado todo.”
Me acerqué a la puerta.
“Pero ya no necesito ninguna de esas cosas.”
Mi padre me miró.
“Entonces disfrútalo.”
“No estoy disfrutando nada.”
Abrió la puerta.
La lluvia golpeaba la entrada.
Mi madre permaneció detrás de él.
“Lo único que cambió es que ya no necesito que ustedes reconozcan mi dolor para saber que fue real.”
Mi padre salió.
Mi madre no lo siguió inmediatamente.
Me tomó de la muñeca.
Tenía los ojos llenos de lágrimas.
“Lo siento.”
La miré.
“¿Por qué parte?”
Su rostro se quebró.
“Por todas.”