Mi nuera se rio al regalarme un raspadito de 40 pesos por mi cumpleaños número 73: “A ver si te alcanza para el camión”. Diez meses después, mi propio hijo puso frente a mí el folleto de una residencia y dijo: “Ya elegimos tu habitación”. No discutí. Esa noche llamé a mi abogado. Ellos todavía no sabían qué había escondido desde aquel cumpleaños.

Parte 1

El único regalo que recibí por mi cumpleaños número 73 fue un raspadito de 40 pesos.

Mi nuera lo dejó frente a mi plato, todavía con la etiqueta de la tienda pegada en una esquina, y soltó una risita mientras yo lo miraba.

—A ver si por lo menos te ganas para el camión, suegra.

Mi hijo, Rodrigo, se rio.

Mis dos nietos también lo hicieron, aunque apenas entendían el chiste.

Estábamos en la cocina de la casa donde vivíamos en Querétaro. Yo misma había preparado mi pastel de vainilla esa mañana. Mi nuera, Mariana, acababa de probarlo y ya se estaba quejando.

—Está demasiado dulce.

No respondí.

Tomé una moneda de 10 pesos y comencé a raspar la capa plateada del boleto.

Un símbolo.

Luego otro.

Y otro igual.

Sentí un golpe seco dentro del pecho.

Volví a leer las instrucciones.

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