Esperanza retrocedió pensando que había causado un daño irreparable. Pero cuando recogió los pedazos de barro, descubrió algo extraño: detrás del muro no había una pared sólida.
Había un espacio vacío construido a propósito.
Un escondite dentro del adobe.
Con una lámpara en la mano, se acercó lentamente y metió los dedos en la cavidad. Tocó una tela vieja y sacó un paquete pesado envuelto cuidadosamente.
Dentro había una caja de madera con un pequeño cierre metálico.
Durante unos segundos se quedó mirando aquel objeto sin saber qué hacer.
Después abrió el pestillo.
La caja guardaba monedas antiguas, algunas oscurecidas por el paso del tiempo y otras con un brillo que reconoció de inmediato: eran de oro.
También encontró joyas antiguas, un medallón y varios papeles amarillentos.
Pero lo que más llamó su atención fue una carta doblada con cuidado.