Fui a escondidas con otra ginecóloga sin decirle nada a mi esposo. Él no dejaba de repetir que quitarme las llaves, el celular e incluso prohibirm

Recordé el frío del instrumento.

El dolor breve.

La presión.

Mi pregunta:

—¿Qué me hiciste?

Y su respuesta, con un beso en la frente:

—Proteger el embarazo.

En ese momento, afuera de la clínica, Adrián volvió a golpear el cristal.

La enfermera miró la cámara de seguridad.

Doña Teresa estaba junto a él, abrazando la taza de plata contra el pecho. La misma taza. La que esa mañana había insistido en que me tomara antes de salir.

parte2

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