Recordé el frío del instrumento.
El dolor breve.
La presión.
Mi pregunta:
—¿Qué me hiciste?
Y su respuesta, con un beso en la frente:
—Proteger el embarazo.
En ese momento, afuera de la clínica, Adrián volvió a golpear el cristal.
La enfermera miró la cámara de seguridad.
Doña Teresa estaba junto a él, abrazando la taza de plata contra el pecho. La misma taza. La que esa mañana había insistido en que me tomara antes de salir.