El doctor Santiago abrió la carpeta roja y extrajo los resultados de una prueba genética oficial ordenada por el juzgado de lo familiar tres semanas atrás. El documento contenía los perfiles de ADN de Rodrigo, Vanessa y el recién nacido que llevaban en brazos.
—Durante el proceso de fertilización in vitro al que Vanessa se sometió el año pasado —explicó el especialista—, se utilizaron muestras almacenadas en el laboratorio sin el consentimiento ni la verificación de la identidad genética correspondiente.
Rodrigo frunció el ceño, claramente confundido por la terminología médica. Su mente no lograba procesar la avalancha de información técnica que amenazaba con destruir la perfecta narrativa de éxito y paternidad que había presumido ante todos sus conocidos.
—¿De qué demonios está hablando? —cuestionó Rodrigo, levantando la voz en un intento desesperado por mantener el control—. El niño es mío. Vanessa y yo fuimos a la mejor clínica de la ciudad.
1 thought on “El eco del expediente roto”