Rodrigo intentó tomar el brazo del doctor Santiago Rojas para exigir una explicación detallada, pero uno de los agentes interpuso su brazo con firmeza. La escena en el pasillo central del hospital empezaba a atraer la atención de médicos, enfermeras y pacientes que transitaban por el área.
—Hay algo más que debe saber, señor Alcázar —dijo el doctor Santiago, sacando una segunda carpeta con una etiqueta roja de prioridad médica—. Respecto al nacimiento de ese niño y a los procedimientos realizados en la clínica privada de la calzada.
Vanessa dejó escapar un gemido ahogado y trató de dar la vuelta para caminar hacia la salida de emergencia. Sin embargo, la segunda agente de la Fiscalía le cerró el paso con educación pero con una firmeza absoluta, indicándole que permaneciera en el lugar hasta concluir la diligencia.
Elisa observaba la escena en completo silencio, sintiendo cómo el peso del pasado se evaporaba con cada palabra. Había pasado meses encerrada en su pequeño departamento de Santa Tere, analizando recetas, tickets de farmacia y registros de llamadas hasta conectar cada punto de la traición.
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