Elisa dio un paso hacia adelante, observando a la mujer que alguna vez consideró como una hermana. Vanessa ni siquiera podía sostenerle la mirada. Recordó las tardes en que ambas tomaban café en la terraza, planeando el futuro de la fundación, mientras Vanessa ya coordinaba con Rodrigo la desposesión sistemática de su vida.
La notaria procedió a leer el segundo folio adjunto en la carpeta. La firma de Vanessa aparecía en tres transferencias bancarias directas realizadas a la cuenta personal del médico que alteró los primeros diagnósticos. El rastro del dinero era claro, inconfundible y legalmente demoledor para su defensa.
La arrogancia de Rodrigo comenzó a desvanecerse para dar paso al pánico primario. Miró a Vanessa buscando una explicación o una negación tajante, pero solo encontró a una mujer aterrorizada que retrocedía hacia la pared del pasillo. La trampa que construyeron juntos se cerraba inexorablemente sobre sus cabezas…
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