Ryan dio un paso hacia ella.
—Amelia, esto no es apropiado. No sabes lo que estás haciendo.
—Sí lo sé, papá. Tú dijiste que mamá estaba loca porque lloraba demasiado. Dijiste que ella arruinaba todo cuando preguntaba por ti. Pero yo te escuché hablar con la tía Jessica.
La voz de mi hija comenzó a quebrarse.
—También te escuché decir que, cuando naciera el bebé, ya no tendrías que fingir que querías volver con mamá.
Sentí como si alguien me hubiera golpeado en el pecho.
Yo había perdido a nuestro quinto hijo en medio de un dolor insoportable. Nunca sabría cuánto de aquel sufrimiento había sido causado por el estrés y cuánto por otros factores, pero sí sabía que había tenido que atravesarlo prácticamente sola.
Y ahora descubría que Amelia había escuchado palabras que ningún niño debería tener que escuchar de su padre.