Leyó el borrador durante veinte minutos.
Después se quitó los lentes.
—¿Él escribió esto?
—Su abogado.
—Pero él aprobó las condiciones.
—Sí.
Mariana volvió a mirar las páginas.
—Quiere conservar como propiedad separada todo lo que tiene ahora, cualquier crecimiento futuro de sus empresas, dividendos, participaciones y nuevas inversiones derivadas de esos activos.
—Sí.
—También pretende que renuncies a cualquier compensación económica si el matrimonio termina.
—También.
Mariana me observó.
—¿Sebastián sabe cuánto tienes?
—No.
—¿Sabe algo?
Negué con la cabeza.
Entonces coloqué una carpeta azul sobre su escritorio.
Mariana la abrió.
Adentro estaban las participaciones de cuatro parques industriales, dos compañías manufactureras, fondos inmobiliarios, bonos, inversiones de capital privado y la firma que había fundado cuando tenía 29 años.
Al final había una estimación consolidada.
7,180 millones de pesos.
Mariana levantó lentamente la vista.
—Esto es casi diez veces lo que él cree que vale su empresa.