Daniel señaló el pavo real bordado en el mantel.
—Tu abuelo las escondió allí.Cortamos cuidadosamente el bordado.
Dentro del relleno encontramos un pequeño compartimento.
Y allí estaba:
un cuaderno antiguo, varias fotografías, documentos bancarios y una grabación.
Daniel conectó la vieja grabadora.
La voz de mi abuelo llenó la habitación.
—Si alguien escucha esto, significa que ya no estoy aquí. Mi propio hermano me está robando y ha amenazado a mi familia. He escondido todas las pruebas en un lugar que nadie buscará: el pavo real.
Mi abuela comenzó a llorar.
Pero entonces la grabación continuó.
—Daniel, si algún día regresas, cuida de mi hija. Ella debe conocer la verdad cuando sea suficientemente mayor.
Miré a Daniel.
—¿Por qué nunca regresaste?
Él respondió:
—Porque pasé treinta años huyendo. Me fui para protegerte. Pero hace unas semanas descubrí que tu tío todavía seguía buscando estas pruebas.
De repente escuchamos un ruido afuera.
Un automóvil se detuvo frente a la casa.
Casay jardín
Daniel se levantó rápidamente.
Miró por la ventana.
Su rostro cambió.
—Tenemos que irnos.