—Los otros 2 no salieron adelante.
Clara tampoco regresó a casa.
Nunca vio los cuerpos. Nunca recibió sus pulseras del hospital. Su familia se ocupó de todo mientras él apenas podía levantarse de la cama.
—¿Quién os cuidaba? —preguntó con la voz rota.
Lucas miró a Mateo antes de responder.
—Nuestra tía Marta. Dijo que nuestra madre se llamaba Clara y que nuestro padre tenía otro hijo. Hace 3 noches nos dejó aquí. Dijo que alguien vendría a buscarnos.
Marta.
La hermana menor de Clara. La mujer que desapareció de Madrid 2 días después del funeral.
Nico abrió su mochila, sacó un bocadillo y lo partió en 3 sin que nadie se lo pidiera. Lucas hizo exactamente lo mismo con la mitad que recibió: volvió a dividirla y dio el primer trozo a Mateo. Álvaro sintió una punzada que no tenía nada que ver con la compasión.
Llamó a su pediatra, a su abogada y después a servicios sociales. No quiso sacar a los niños de allí sin dejar constancia de cómo los había encontrado. Mientras esperaban, les compró agua, fruta y ropa limpia en una tienda cercana.
Entonces Mateo sacó de una bolsa rota un sobre arrugado.
—La tía dijo que solo se lo diéramos a nuestro padre si aparecía.
En el frente, escrito con bolígrafo azul, había un nombre.
ÁLVARO SERRANO.