La abogada levantó la carpeta.
—Significa que ya no está tratando con una esposa que confía ciegamente.
—Está tratando con una víctima que tiene pruebas.
Esa noche, mientras Héctor y Victoria enfrentaban las consecuencias de sus decisiones, Mariana volvió a mirar la casa.
La misma donde durante años pensó que debía agradecer por tener una familia.
Ahora entendía algo diferente.
Una familia no es quien comparte tu apellido.
Es quien no intenta robarte la vida mientras te convence de que lo hace por amor.
Y Héctor había cometido el peor error posible:
Subestimó a la mujer que pensaba controlar.
Porque Mariana no había perdido seis millones.
No había perdido un esposo.
Había recuperado algo mucho más importante.
Su propia voz.