Las miré dormir.
Y pensé en aquella frase que Brandon me había lanzado antes de marcharse.
«Querías ser madre, así que compórtate como tal.»
Tenía razón.
Me comporté como una madre.
Y por eso mismo decidí enseñarles a mis hijas algo que nadie me había enseñado a mí:
Ser madre no significa aguantarlo todo.
Ser esposa no significa aceptar cualquier cosa.
Y amar a alguien no significa permitir que te abandone cada vez que la responsabilidad se vuelve difícil.
Aquella noche cerré la puerta de su habitación.
Y por primera vez en seis meses, sentí que el futuro no me daba miedo.
Me daba esperanza.