PARTE 2: EL DISCURSO DE MI HIJO CONVIRTIÓ MI CUMPLEAÑOS EN UNA NOCHE QUE MI ESPOSO JAMÁS OLVIDARÍA

A veces, el momento en que empiezas a recuperar tu vida no llega cuando alguien te pide perdón.

Llega cuando finalmente comprendes que tu valor nunca dependió de la opinión de esa persona.

Y si pudiera volver a aquella tarde, compraría exactamente el mismo vestido borgoña.

Me lo pondría, me miraría al espejo y sonreiría.

Porque cumplir cincuenta años no significaba que mi vida estuviera terminando.

Significaba que, por fin, estaba aprendiendo a vivirla también para mí.

FIN.

 

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