—Muy falso.
Gabriel murmuró:
—Entonces quería usar tu muerte para tomar control de algo mucho mayor que el seguro.
—Exacto.
Pero todavía no entendíamos cómo.
A las seis y cuarto, Gabriel encontró la respuesta.
Daniela no era simplemente mi “mejor amiga”.
Había trabajado brevemente en una firma que manejaba documentación corporativa para una subsidiaria de Montemayor.
Tres años antes.
Justo cuando comenzó a acercarse a mí.
Recordé nuestras comidas.
Sus preguntas.
“¿Tú nunca te metes en las empresas de tu familia?”
“¿Quién firma cuando estás fuera?”
“¿Mauricio podría administrar algo si te pasara algo?”
Yo había interpretado esas preguntas como curiosidad.
Ahora parecían interrogatorios.
Lucía cerró la computadora.
—Tenemos suficiente.
A las siete y media fuimos a presentar la denuncia.
Entregué la grabación original.
Mis teléfonos.
La evidencia del accidente.
La ubicación exacta de la camioneta.
La conversación sobre los frenos.