Sobreviví al sabotaje de mi esposo y lo escuché brindar por mi muerte— heyily

—¿Se siente bien, señora?

—Necesito un taxi.

Veinte minutos después estaba en un hotel pequeño de Santa Fe usando un nombre distinto.

A la una de la mañana llegaron Gabriel y Lucía Herrera, directora jurídica de Grupo Montemayor.

Lucía entró, me abrazó una sola vez y después se convirtió inmediatamente en abogada.

—Quiero escuchar la grabación.

La reproduje.

Mauricio:

Yo mismo corté la manguera del freno.

Daniela:

¿Y si encuentran el cuerpo?

Mauricio:

Mejor.

Lucía no reaccionó hasta que terminó.

Después dejó el teléfono sobre la mesa.

—Esto no es fraude matrimonial.

—Lo sé.

—Es tentativa de homicidio.

Asentí.

Gabriel estaba pálido.

—Valeria, tenemos que ir a la fiscalía.

—Vamos a ir.

—¿Entonces por qué dijiste que esperáramos?

Miré a Lucía.

—Porque antes quiero saber qué intentaban conseguir además del seguro.

Ella comprendió enseguida.

—Crees que hay algo más.

—Dieciocho millones no salvan la empresa de Mauricio.

Gabriel frunció el ceño.

—Correcto. Su deuda total supera los ciento diez millones.

—Entonces el seguro era solo una parte.

Lucía abrió su computadora.

Durante las siguientes tres horas revisamos todo.

A las cuatro de la mañana encontramos la primera anomalía.

Una empresa llamada Azur Holdings había solicitado una línea de crédito utilizando como garantía futura varias participaciones que supuestamente pertenecerían a Mauricio tras mi muerte.

Eso era imposible.

Él no tenía derecho sobre mis acciones.

A menos que creyera que sí.

Lucía siguió revisando.

Luego encontró un documento.

Un poder notarial.

Firmado supuestamente por mí.

Le permitía a Mauricio administrar “activos matrimoniales y participaciones heredadas” en caso de incapacidad o fallecimiento.

Miré mi firma.

—Eso es falso.

Lucía acercó la pantalla.

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