Valeria Salazar sí murió aquella noche.
La mujer que creía que debía minimizarse para que su esposo pudiera sentirse importante.
La mujer que confundía sacrificio con amor.
La mujer que financiaba en secreto a un hombre que jamás habría hecho lo mismo por ella.
Esa mujer no regresó.
Yo sí.
Mauricio había planeado quedarse con dieciocho millones de pesos.
Creía que la lluvia borraría las pruebas.
Que una camioneta incendiada borraría mi existencia.
Que mi dinero terminaría en sus manos.
Pero nunca entendió algo.
El verdadero patrimonio no estaba en la póliza.
Ni siquiera estaba en Grupo Montemayor.
Era mi capacidad para levantarme, pensar con claridad y dejar de proteger a quienes habían decidido destruirme.
Aquella noche llegué a mi casa empapada, herida y aparentemente sola.
Ellos levantaban copas porque creían que yo estaba muerta.
Y técnicamente tenían razón sobre una sola cosa.
Una versión de mí murió esa noche.
Solo que no fue la mujer que ellos habían intentado matar.
Fue la esposa que todavía creía que debía seguir perdonándolos.
Y esa mujer nunca volvió.