Parte 2: EL DÍA EN QUE MI EXESPOSO DESCUBRIÓ QUE YA NO TENÍA NINGÚN PODER SOBRE MÍ

Por primera vez desde que lo conocía, parecía avergonzado.

—Yo pensaba que estabas esperando el momento para vengarte.

—No.

Respiré hondo.

—Mientras tú seguías pensando en ganar o perder, yo ya estaba ocupada viviendo.

En ese momento un hombre del comité organizador se acercó a Julian.

—Señor Rhodes, los miembros del consejo ya llegaron.

Julian asintió.

Luego me miró.

—¿Vienes conmigo?

—Enseguida.

Él besó suavemente mi frente.

—Las espero.

Tomó la mano de Emma y ambos caminaron hacia el otro extremo del salón.

Marcus permanecía inmóvil.

Cuando estuvimos solos, habló casi en un susurro.

—Nunca dejé de pensar en ti.

Lo miré sin rabia.

Sin tristeza.

Simplemente con distancia.

—No confundas arrepentimiento con amor.

Sus labios temblaron.

—Cometí el peor error de mi vida.

Asentí.

—Probablemente.

—¿Hay alguna posibilidad…?

Negué antes de que terminara.

—No.

Porque la mujer que necesitaba tu aprobación desapareció hace mucho tiempo.

Y la que está hoy aquí ya no vive esperando que alguien la elija.

Me di la vuelta.

Antes de irme, añadí una última frase.

—Por cierto…

Él levantó la vista.

—La mejor decisión de tu vida fue dejarme.

Porque si no lo hubieras hecho…

Jamás habría encontrado la vida que tengo hoy.

Sonreí.

Y caminé hacia Julian y Emma.

Semanas después, Rhodes Capital decidió no adquirir la empresa de Marcus.

No por nuestra conversación.

Sino porque la auditoría financiera encontró problemas que hacían inviable la operación.

Aquellos problemas no provenían de los archivos que yo había guardado años atrás.

Eran decisiones mucho más recientes.

Marcus tuvo que vender la empresa a otra compañía en condiciones menos favorables.

Tiempo después recibí un correo suyo.

No pedía volver.

Solo decía:

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