Matthew la miró sin apartarse.
Y entonces habló.
Yo salí de la sala de seguridad inmediatamente.
Por primera
vez desde la explosión, no quería escuchar a mi hijo a través de un monitor.
Quería estar frente a él.
Cuando entré a la habitación, Matthew volvió a mover los labios.
—Papá.
Me acerqué lentamente.
Pensé que ese momento sería una reconciliación sencilla. Pensé que solo tenía que abrazarlo y decirle que todo iba a estar bien.
Pero Clara levantó una mano.
No para protegerse.
Para pedirme que escuchara.
Matthew respiró profundo.
—No quiero que me mires así.
Sentí que esa frase pesaba más que cualquier amenaza que hubiera enfrentado.
—¿Cómo te miro? —pregunté.
Él bajó la mirada hacia sus piernas.
Después volvió a verme.
—Como si yo también hubiera muerto.
No hubo nada que pudiera responder.
Porque durante meses había confundido recordar a su madre con vivir atrapado en su pérdida.
Entonces Matthew señaló una pequeña cámara instalada en la esquina de la habitación.
La misma