Este hombre durmió cada día sobre la tumba de su madre

Las noches en el cementerio no son fáciles. El frío cala los huesos, los sonidos se amplifican y el silencio pesa. Aun así, él se acomodaba como podía, a veces con una manta vieja, otras simplemente con la ropa que llevaba puesta. Miraba el cielo, hablaba en voz baja y, según quienes lo escucharon, hasta le contaba cómo había sido su día, como si ella aún pudiera oírlo.

Con el tiempo, la historia comenzó a correr de boca en boca. Llegaron curiosos, periodistas improvisados con celulares en mano y personas que, conmovidas, llevaban comida o abrigo. Algunos se sentaban a escuchar, otros solo observaban desde lejos. Él, sin embargo, nunca buscó atención. No había espectáculo, ni discurso. Solo un hijo aferrado al recuerdo de su madre.

PARTE2

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