—Pensé que no volverías —le dije.
Daniel levantó la mirada.
—Yo también.
Me senté frente a él.
Sobre la mesa había una vieja fotografía de Harrison.
—Encontré algo —dijo.
Me entregó una carpeta.
Dentro había documentos de una propiedad situada en las afueras de Madrid. Era una enorme casa familiar que Harrison había comprado décadas atrás.
—Papá me la transfirió hace quince años.
—Entonces es tuya.
—Sí.
—¿Y por qué me enseñas esto?
Daniel respiró profundamente.
—Quiero donarla.
Lo miré sorprendida.
—¿A la fundación?
Asintió.
—Podría convertirse en un centro para personas mayores que todavía pueden vivir de manera bastante independiente pero no quieren estar solas.
Aquello eraexactamente uno de los proyectos que llevábamos meses intentando financiar.
—La propiedad vale muchísimo dinero.
—Lo sé.
—Harrison te la dejó a ti.
Daniel miró la fotografía.