Sentí rabia.
—Eso es mentira.
—Tendremos que demostrarlo.
—Tenemos las cartas.
—Sí.
—Tenemos esta grabación.
—También.
—Tenemos médicos, trabajadores de la residencia…
—Todo eso ayudará.
Pero la expresión de Álvaro seguía preocupándome.
—¿Qué no me está diciendo?
Suspiró.
—Han presentado un informe médico.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué informe?
—Uno firmado seis meses antes de la boda.
Según aquel documento, Harrison sufría un deterioro cognitivo avanzado.
Lo miré incrédula.
—Eso es imposible.
Yo había pasado horas jugando al ajedrez con él. Harrison recordaba fechas, nombres, inversiones, conversaciones enteras.
Seis meses antes de nuestra boda era perfectamente capaz de tomar decisiones.
—¿Quién firmó ese informe?
Álvaro giró la pantalla.
Leí el nombre.
Dr. Esteban Valdés.
Lo reconocí.
Había sido uno de los médicos privados que los hijos de Harrison llevaron a la residencia cuando empezaron a intentar controlar sus decisiones.