“Tu padre conoció al mío.”
“Y hay una razón por la que tu madre recibió ayuda para criarte después de su muerte.”
Sentí que el corazón se me detenía.
Seguí leyendo.
“Si algún día quieres conocer toda la verdad, habla con el señor Ramírez.”
Miré el nombre del abogado.
De repente, todo lo que había vivido durante aquellos meses parecía formar parte de algo mucho más grande.
Al día siguiente fui a su despacho.
—Necesito saber la verdad sobre mi padre.
El señor Ramírez permaneció unos segundos en silencio.
Después abrió un archivo antiguo.
Dentro había fotografías, documentos y una carta fechada más de veinte años atrás.
—Carmen me pidió que nunca te contara esto mientras ella estuviera viva.
—¿Por qué?
—Porque quería que primero la conocieras por quien era, no por lo que podía darte.
Tragó saliva.
—Tu padre y el esposo de Carmen fueron socios durante varios años.
Lo miré confundido.
—¿Socios?
—Sí.
—¿En qué?
El abogado deslizó un documento hacia mí.
Era el registro de una pequeña empresa familiar.
Y allí aparecía el nombre de mi padre.
Pero había algo más.
Una parte de las ganancias había sido destinada durante años a un fondo para la educación de los hijos de los trabajadores.
Mi nombre aparecía entre los beneficiarios.
Me quedé sin palabras.
—¿Mi padre hizo esto?
—Sí.
—Entonces, ¿por qué nunca lo supe?
El abogado bajó la mirada.
—Porque Carmen decidió mantenerlo en secreto.
—¿Por qué?
—Porque después de la muerte de tu padre, tu madre rechazó cualquier ayuda que pareciera una caridad.
Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas.