PARTE 2 / El millonario llegó furioso a cobrar tres meses de renta atrasada… pero al abrirse la puerta encontró a una niña de siete años cosiendo hasta lastimarse las manos, y lo que había debajo del colchón cambió por completo el motivo de su visita…

La puerta se abrió.

Una mujer delgada, de unos treinta y tantos años, apareció sosteniendo una bolsa de farmacia.

Al ver a Alejandro junto a su hija, perdió el color del rostro.

—Señor Cárdenas…

Miró el sobre abierto.

Luego los billetes sobre la mesa.

—Por favor —dijo Mariana—. No nos saque. El viernes puedo darle otros $1,500.

Alejandro iba a responder cuando algo cayó de la bolsa de farmacia.

Era un documento doblado.

Lucía corrió a recogerlo.

Pero Alejandro alcanzó a leer el encabezado antes de que Mariana se lo quitara.

No era una receta médica.

Era una notificación dirigida a Mariana relacionada con el mismo edificio.

Y abajo aparecía claramente el apellido Cárdenas.

Su apellido.

—¿Qué es eso? —preguntó Alejandro.

Mariana apretó el documento contra el pecho.

—Nada que tenga que ver con usted.

—Mi apellido está ahí.

La mujer guardó silencio.

Alejandro extendió la mano.

—Mariana… déjeme verlo.

Ella retrocedió.

Y entonces Lucía dijo algo que hizo que ambos adultos se quedaran completamente quietos.

—Mamá, ¿ese es el papel que dijiste que nunca debía ver el dueño?

Alejandro dejó de mirar a la niña.

Clavó los ojos en Mariana.

Porque acababa de comprender que los tres meses de renta atrasada quizá no eran la verdadera razón por la que esa familia estaba en problemas.

Y que alguien relacionado con su propia empresa podía saber exactamente lo que estaba pasando.

—Enséñeme ese documento —dijo.

Mariana respiró hondo, abrió lentamente la hoja y señaló una firma al final de la página.

Alejandro reconoció el nombre de inmediato.

Era alguien en quien llevaba años confiando.

Y justo cuando empezó a leer lo que esa persona había hecho con Mariana y Lucía…

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