Necesitaba saber quién era.
Y, sobre todo, necesitaba saber qué relación tenía con Mauricio.
Media hora después, la mujer salió de terapia intensiva.
Llevaba al niño dormido contra el hombro.
Pasó junto a mí sin reconocerme.
Eso me produjo una sensación extraña.
Ella no parecía una amante descubierta accidentalmente.
Parecía alguien que llevaba años acostumbrada a ocupar un lugar en la vida de Mauricio.
Esperé hasta que desapareció por el pasillo.
Entonces entré.
Mauricio abrió los ojos unos minutos después.
Cuando me vio, su expresión cambió.
—Valeria…
—El hospital me llamó.