Mi hijo publicó nuestra historia y escribió: “Mi padre fue a prisión porque mi madre destruyó nuestra familia”. Quise defenderme, pero cerré el teléfono y me quedé mirando las cartas rechazadas, la sentencia de siete años y la foto de nuestros cuatro hijos. Pensé que esa era toda mi condena… hasta que descubrí que mi ex tenía una nueva familia ligada directamente al hombre con quien lo traicioné.

Solo dijo:

—Eso es exactamente lo que siente papá cuando piensa en nosotros desde una celda.

Y se marchó.

Empecé terapia poco después.

Durante las primeras sesiones busqué explicaciones.

Que me sentía insegura.

Que había cambiado físicamente.

Que Mauricio me había hecho sentir deseada de una forma diferente.

Que mi matrimonio se había vuelto rutinario.

Mi terapeuta me escuchó durante varias semanas hasta que un día me preguntó:

—¿Alejandro dejó de mostrarte afecto?

—No.

—¿Dejó de ayudarte?

—No.

—¿Dejó de intentar acercarse a ti?

Negué con la cabeza.

—Entonces deja de buscar una razón externa que convierta tu decisión en algo inevitable.

Aquello dolió.

Pero era verdad.

Alejandro me había propuesto incluso acudir a terapia de pareja.

Yo había rechazado la idea.

Él intentaba arreglar algo que yo ni siquiera estaba dispuesta a reconocer.

Pasó casi un año.

Mi hermano Rafael apenas me hablaba. Cuando se casó, no me invitó.

Mis hijos sí fueron.

Mi papá tampoco quería verme.

Mi madre se convirtió en el único puente entre nosotros.

Entonces, una noche, Rafael apareció inesperadamente en mi puerta.

Pensé que venía a reconciliarse.

Su expresión me hizo comprender que no.

—Alejandro está en la enfermería del penal.

Sentí que las piernas me fallaban.

—¿Qué pasó?

—Tuvo una pelea con otro interno.

Habían intentado atacarlo dentro de su celda. Alejandro se defendió y resultó herido en el abdomen antes de que los custodios intervinieran.

Rafael trabajaba entonces en el sistema penitenciario y había hecho todo lo posible para que lo trasladaran posteriormente a una zona de mayor protección.

Antes de marcharse me dijo algo que jamás olvidé:

—Cada vez que pienses que esto terminó el día del juicio, recuerda que él sigue pagando allá adentro.

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