Aceptó firmar papeles.
Cada paso parecía pequeño.
Hasta que un día sus padres ya necesitaban permiso para usar su propio comedor.
—¿Robaste dinero? —preguntó Nicolás.
Javier tardó en responder.
—Sí.
La palabra quedó suspendida en el taller.
—Parte fue para mis deudas. Después Nuria empezó a transferir más. Decía que era para protegernos.
—¿Y tú qué protegías?
Javier no tuvo respuesta.
Nicolás sacó del bolsillo una copia del recibo de venta del terreno de Sagunto y la dejó sobre la mesa.
—Papá vendió esto para salvarte. Y tú convertiste su ayuda en una excusa para seguir tomando.
Javier empezó a llorar, pero Nicolás no lo abrazó.