Se casó con un hombre sin hogar por compasión, pero una carta después de su muerte cambió toda su historia

—¿Te arrepientes?

Sarah negó con la cabeza.

—No.

—¿Aunque todo haya sido tan extraño?

—Especialmente por eso.

Larry sonrió.

—Gracias, Sarah.

Tres semanas después de aquella conversación, Larry murió tranquilamente.

Sarah estuvo a su lado.

Cuando salió del centro aquella noche, lloró durante todo el camino a casa.

Pensó que aquella era la última página de la historia.

Se equivocaba.

Al día siguiente encontró un sobre en su buzón.

Era grueso.

Su nombre aparecía escrito a mano.

La letra era inconfundible.

Era de Larry.

Sarah se quedó inmóvil durante varios segundos.

El matasellos tenía la fecha del día anterior a su muerte.

Entró en casa, dejó el bolso sobre una silla y abrió el sobre.

Dentro había varias páginas.

La primera comenzaba así:

“Sarah, si estás leyendo esto, significa que ya no puedo explicarte personalmente lo que hice.”

Sarah sintió un escalofrío.

Continuó leyendo.

“Te mentí sobre una cosa. No sobre mi enfermedad. Eso era verdad. Tampoco sobre que tenía miedo de morir solo. Eso también era verdad.”

Sarah pasó la página.

“Pero no te pedí que te casaras conmigo únicamente por dignidad.”

Se quedó mirando aquella frase.

Entonces leyó la siguiente.

“Durante los dos años que me viste en la estación, yo también te estaba observando.”

Sarah dejó la carta sobre la mesa.

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

Larry explicaba que antes de quedarse sin hogar había trabajado durante muchos años como contable en una pequeña empresa.

Había tenido una vida normal.

Una casa.

Una esposa.

Una hija.

Pero después de la muerte de su esposa, su vida comenzó a desmoronarse.

Había perdido su trabajo y acumulado deudas.

Finalmente terminó viviendo en la calle.

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