“¿No te parece que te has descuidado demasiado para ser una novia?”, me preguntó mi futuro esposo frente a toda la familia, después de decir que había engordado. A pocas semanas de la boda, respiré hondo y no hice ninguna escena. Pero cuando escuché a su madre llamarme “una mujer sin gracia” y él guardó silencio, supe que todavía faltaba descubrir algo mucho peor.

—No —respondió—. No me preocupa.

Mauricio la miró con desprecio.

—Pues quédate aquí, orgullosa y sola.

Caminó hacia la puerta.

Antes de salir, Valeria dijo:

—Mauricio.

Él se volteó.

—Cuando encuentres a tu próxima novia, hazle un favor.

—¿Cuál?

—Preséntasela primero a tu mamá. Así pueden decidir entre los dos si tiene las cejas, el cabello, las uñas, el peso y la ropa adecuados antes de que la pobre pierda cinco años.

Mauricio abrió la boca, pero no encontró respuesta.

Salió y cerró de golpe.

Valeria permaneció varios segundos mirando la puerta.

Pensó que debería estar destrozada.

Se suponía que aquel hombre iba a convertirse en su esposo.

En menos de un mes ella debía caminar vestida de novia hacia él.

Habían elegido música, invitados, flores y hasta el lugar donde querían pasar la luna de miel.

Sin embargo, la emoción que apareció no fue dolor.

Fue libertad.

Semanas después Elena llamó.

Valeria estuvo a punto de no responder, pero la curiosidad pudo más.

—Valeria, sé que las cosas entre ustedes terminaron mal —comenzó la mujer—, pero Mauricio está sufriendo muchísimo.

—Lo siento.

—Creo que ambos reaccionaron impulsivamente.

—Yo no.

—Una boda no debería cancelarse por comentarios sin importancia.

—Entonces dígale a Mauricio que busque a la mujer que usted considera adecuada.

Elena guardó silencio.

Valeria añadió:

—Durante años intentó explicarme cómo debía verme. Después convenció a su hijo de que yo no era suficiente. Lo logró. Ahora tiene la oportunidad de ayudarlo a encontrar a alguien que cumpla todos sus requisitos.

—Yo sólo quería lo mejor para él.

—Lo sé.

Y Valeria lo decía en serio.

Elena probablemente estaba convencida de que había actuado por amor.

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