“¿No te parece que te has descuidado demasiado para ser una novia?”, me preguntó mi futuro esposo frente a toda la familia, después de decir que había engordado. A pocas semanas de la boda, respiré hondo y no hice ninguna escena. Pero cuando escuché a su madre llamarme “una mujer sin gracia” y él guardó silencio, supe que todavía faltaba descubrir algo mucho peor.

Siempre ella interpretaba mal.

Siempre ella era demasiado sensible.

—Escuché a tu mamá llamarme una mujer sin gracia. Escuché cuando dijo que cualquier otra mujer podría opacarme en nuestra boda. Escuché cuando te aseguró que algún día me serías infiel porque yo no iba a ser suficientemente atractiva para mantener tu atención.

Mauricio se apresuró a responder:

—Mi mamá es de otra generación.

—También escuché cuando dijiste que ya habías hablado conmigo por petición suya.

Él guardó silencio.

Eso era todo.

La conversación del parque.

Las críticas.

El supuesto consejo.

Habían comenzado porque Elena había enviado a su hijo a corregir a la futura esposa.

—Entonces no fue algo que pensaste tú —dijo Valeria—. Tu mamá te pidió que me cambiaras.

—No fue así.

—¿Cómo fue?

—Ella solamente hizo un comentario.

—Y tú obedeciste.

—¡No obedecí a nadie!

—Mauricio, tienes treinta y ocho años. Tu madre te dijo que tu futura esposa no era suficientemente atractiva y tú viniste a entregarme una lista de mejoras.

Algunas personas en el salón ya ni siquiera intentaban disimular que estaban escuchando.

A Valeria dejó de importarle.

La vergüenza había desaparecido.

Ahora solamente sentía una enorme decepción.

—¿Sabes cuál es la parte más absurda? —continuó—. Ya viví esto.

Mauricio sabía perfectamente a qué se refería.

Valeria había contado muchas veces por qué terminó su primer matrimonio.

Su exesposo consultaba a su madre para absolutamente todo: dónde pasar Navidad, qué muebles comprar, cuánto dinero gastar, incluso cuándo era buen momento para tener hijos.

Valeria había tardado meses en aceptar que dentro de aquel matrimonio siempre existirían tres personas.

Mauricio había escuchado esa historia.

Incluso se había burlado de aquel hombre.

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