Y Mauricio todavía no había terminado.
PARTE 3
Valeria sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.
No porque creyera lo que Mauricio acababa de decir.
Sino porque comprendió que aquellas palabras no habían aparecido por impulso.
Llevaban mucho tiempo dentro de él.
—¿Qué tiene que ver Italia con mi maquillaje? —preguntó lentamente.
Mauricio soltó una risa amarga.
—No te hagas.
—No. Explícamelo. Ya que decidiste hablar de mi vida delante de todos, termina.
La coordinadora de la boda fingía revisar unas flores. Dos meseros permanecían quietos junto a una mesa. Renata, la maquillista, había dejado de guardar sus brochas.
Mauricio parecía demasiado furioso para darse cuenta de la escena que estaba creando.
—Te fuiste sola a Europa, conociste a un tipo y te casaste casi de inmediato. Eso es lo único que sé. ¿Cómo quieres que no piense que hubo más hombres?
Valeria lo miró incrédula.
—¿Después de cinco años juntos estás insinuando que soy una mujer fácil porque me casé antes de conocerte de nuevo?
—Estoy diciendo que quizá nunca te conocí tanto como pensé.
—Tú sabías de mi matrimonio desde nuestra primera semana juntos.
—Sí, pero ahora ciertas cosas empiezan a tener sentido.
Valeria sintió una extraña calma.
Hasta unos minutos antes había llegado preocupada por agradarle.
Ahora lo observaba como si fuera un desconocido.
—¿Qué cosas?
Mauricio señaló nuevamente su maquillaje.
—Esto. Tu necesidad de llamar la atención.
Renata ya no pudo permanecer callada.
—Disculpa, pero ese maquillaje es completamente normal para una novia.
Mauricio volteó hacia ella.
—Nadie te preguntó.
Valeria levantó la mano.
—No, Mauricio. Déjala. Ella sólo hizo exactamente lo que yo le pedí.
—Pues dile que te quite todo.
—No.