—¿Lo sabías?
—Los escuché hablar de ella durante meses.
Marcus dejó la hoja sobre la mesa.
—Entonces, ¿por qué hiciste esto?
Eleanor sintió la vieja costumbre subirle hasta la garganta: explicar demasiado, suavizar la frase, protegerlo incluso de una verdad que él mismo había creado.
No lo hizo.
—Porque necesitaba una casa.
Marcus abrió las manos.
—Pero podrías haber comprado cualquier otra.
—Podía.
—¿Y elegiste precisamente esa?
—Sí.
Chloe soltó una risa breve, sin humor.
—Eso parece venganza.
Eleanor se levantó despacio.
—La venganza habría sido comprarla para quitárselas y dejarla vacía. Yo la compré porque quiero vivir ahí.
Chloe no tuvo una respuesta inmediata.
Eleanor recogió la llave.
Ese pequeño objeto de metal pesaba menos que muchas de las cosas que había cargado durante los últimos dos años: mochilas, bolsas del supermercado, canastas de ropa, platos, almuerzos, silencios.
Pero representaba algo que todo aquello nunca le había dado.