Nico apareció entonces en la puerta, medio dormido.
—Mamá, quiero agua.
El salón quedó en silencio. Clara fue a la cocina, llenó un vaso y se lo entregó.
—Gracias —dijo el niño.
Aquel gesto sencillo volvió insoportable la escena: 5 adultos destruyéndose alrededor de un pequeño que solo quería agua.
Cuando Nico regresó al cuarto, Paula perdió el control.
—Mercedes fue quien me dijo que tarde o temprano Clara saldría de vuestras vidas.
Joaquín abrió los ojos.
—¿Tú sabías todo esto?
—Sabía que Álvaro no era feliz —respondió Mercedes.
Paula soltó una risa amarga.
—Sabías mucho más. Tú me dijiste que no pusiera nada directamente a nombre de Álvaro porque Clara revisaba los registros.
Álvaro se giró hacia su madre.
—¿Qué está diciendo?
—También fue idea suya usar empresas proveedoras. Decía que sería temporal hasta cerrar la ronda.
Mercedes palideció.
Clara entendió al fin la anotación “M.M.”. Su suegra no se había limitado a tolerar la relación. Había ayudado a ocultar parte del dinero.
Joaquín se levantó.
—Llevo 38 años casado contigo y no sé quién eres.
Mercedes empezó a llorar.
—Solo quería proteger a mi hijo.
—No lo protegiste —dijo Clara—. Le enseñaste que siempre habría alguien limpiando las consecuencias.
Álvaro se dejó caer en la silla.
—Podemos arreglarlo.
—¿Qué parte? ¿El matrimonio, Paula, Nico, los avales o los 3 años de mentiras?
—Te devolveré lo que pusiste.
Clara sintió una tristeza enorme.
—Sigues pensando que esto tiene precio.
La cena terminó sin despedidas.
A la mañana siguiente, Clara presentó la demanda. El consejo de Nexo Urbano recibió el informe preliminar y suspendió a Álvaro mientras se revisaban las operaciones. Los inversores congelaron la nueva ronda y el banco pidió documentación adicional.