Mercedes aceptó demasiado rápido. Joaquín también. Paula llegó con Nico a las 20:30, vestida como si aquella reunión fuera el inicio de una nueva vida.
Al ver al niño, Clara sintió un nudo en la garganta. Nico no había elegido a sus padres, ni las mentiras, ni el dinero. Por eso se prometió una cosa: cualquier consecuencia recaería sobre los adultos. Nunca sobre él.
La cena fue incómodamente normal. Mercedes habló de lo frágil que era la vida y de la importancia de “mantener unida a la familia cuando llegan momentos difíciles”.
Después del postre, Clara dejó 5 carpetas sobre la mesa.
—¿Qué es eso? —preguntó Álvaro.
—La parte de nuestra vida que nadie pensaba que yo iba a revisar.
Abrió la primera.
—Durante 3 años, Nexo Urbano ha pagado más de 640.000 euros a proveedores sin actividad suficiente para justificar esas cantidades.
Paula miró a Álvaro. Joaquín dejó la copa. Mercedes no se movió.
Clara abrió la segunda carpeta.
—Desde esas empresas se pagó parte del piso de Paula, su coche y varios gastos privados.
—Álvaro me lo regaló —replicó Paula.
—Si lo hubiera pagado con su dinero, sería otra historia. Pero si salió de la empresa, tendrán que explicarlo los auditores y, si corresponde, un juzgado.
Álvaro golpeó la mesa.
—No puedes entrar en mis cuentas como si fueras policía.
—No son tus cuentas. Son las de una sociedad de la que soy socia, avalista y asesora legal.
La tercera carpeta contenía las transferencias a sus padres.
Joaquín frunció el ceño.
—¿Qué transferencias?
Clara entendió por su reacción que él no conocía todos los detalles.
Mercedes se adelantó:
—Eran ayudas de nuestro hijo.
—Algunas salieron de empresas proveedoras —dijo Clara—. Y hay mensajes tuyos indicando cómo fraccionarlas.