PARTE 1
—Señora, no puede pasar. Su marido ya está acompañado por su esposa y su hijo.
La frase cayó sobre Clara Valdés como una puerta cerrándose de golpe.
Había tardado 28 minutos en cruzar Madrid desde su despacho en Azca hasta el Hospital Universitario La Paz después de recibir una llamada de urgencias. Su marido, Álvaro Montes, había sufrido un accidente en la M-30. El coche había quedado destrozado por el lado del conductor, pero él seguía con vida.
Clara llevaba 7 años casada con Álvaro.
Y no tenían hijos.
—Yo soy su esposa —dijo, sin levantar la voz.
La enfermera miró la pantalla, luego a Clara y después volvió a mirar la pantalla, incómoda.
—Aquí consta que una mujer se identificó como familiar directo. Está dentro con un menor.
Clara no discutió. Se acercó al cristal de la zona de observación y entonces lo vio.
Álvaro estaba en una cama, con la cabeza vendada y varios cables conectados al pecho. A su lado, una mujer morena de unos 30 años le sujetaba la mano. Un niño de unos 4 años dormía apoyado en su regazo.
Detrás de ellos estaban los padres de Álvaro.
Mercedes, su suegra, acariciaba el pelo de aquella mujer con una ternura que nunca había tenido con Clara.
El niño despertó, miró a Álvaro y murmuró:
—Papá.
Clara sintió que algo se rompía por dentro, pero no entró gritando. No lanzó el bolso. No pidió explicaciones.
Sacó el móvil.
Primero llamó a su secretaria.
—Cancela todo lo de mañana.
Después llamó a Irene, una auditora forense con la que había trabajado en varios conflictos societarios.
—Necesito que revises Nexo Urbano. Solo documentación legal, movimientos autorizados, proveedores, préstamos y operaciones vinculadas. Empieza por los últimos 3 años.