Esa noche casi decidí devolverlo. Al día siguiente también. Y al siguiente igual. Pero la mañana de la boda algo cambió. Me puse el vestido, recogí mi cabello, usé los pendientes viejos de mi madre y me miré al espejo.
De repente pensé:
“Si no lo uso ahora, ¿cuándo?”
La boda se celebró en una hermosa finca cerca de Sevilla. Había luces por todas partes, música, risas. Cristina estaba increíblemente hermosa.
Al principio todo iba bien, pero durante la cena empecé a sentir las miradas de la gente. No sabía si les gustaba el vestido o me estaban juzgando. Las palabras de Amparo volvieron a mi mente.
“Ya no estás en la edad…”