—¿Desde cuándo están juntos?
—Casi dos años.
Lucía abrió en su celular una fotografía del cumpleaños de Mateo, tomada tres semanas antes. Ricardo abrazaba a su esposa por la cintura.
Paola apartó la mirada.
Entonces Lucía preguntó por
el departamento.
—¿Es tuyo?
—Sí.
—¿Ricardo aparece como propietario?
—No.
—¿Cuánto puso para el enganche?
Paola dudó.
—Como cuatrocientos ochenta mil.
Lucía dejó sobre la mesa la impresión de su estado de cuenta.
—Un día antes de tu compra, esa cantidad salió de nuestros ahorros.
Paola tardó en reaccionar.
—Él me dijo que eran bonos y dinero suyo.
—Ese fondo lo hicimos los dos. Era para la universidad de nuestro hijo.
El silencio entre ambas fue peor que cualquier grito.
Paola terminó confesando que Ricardo también había pagado mensualidades, cocina, clósets, electrodomésticos y parte de la remodelación.
—Decía que era “nuestro futuro hogar”.
Aquella noche Ricardo confrontó a Lucía.
—¿Fuiste a buscar a Paola?
—Sí.
—Estás cruzando límites.
—Tú pagas la hipoteca de tu amante con dinero de nuestra familia y yo soy la que cruza límites.
Ricardo golpeó la mesa con la palma.
—Ese dinero era mío. Casi todo