La risa que me hizo detener el auto.
La risa que me recordó que mi hija seguía allí.
Esperando volver a vivir.
Esa noche regresamos a casa juntos.
Sophie tomó mi mano.
—Papá.
—¿Sí?
—Creo que mamá sabía que Amelia nos encontraría.
Sonreí.
—Yo también lo creo.
Miré por la ventana mientras las luces de Chicago pasaban lentamente.
Durante mucho tiempo pensé que mi trabajo era darle a mi hija todo