Sacó una pequeña fotografía de su bolsillo.
En la foto había una mujer que llevaba un vestido plateado casi idéntico.
—Esta es mi esposa —dijo—. Estuvimos juntos cuarenta y dos años. Falleció hace tres años.
No sabía qué decir.
—Le encantaban los vestidos así —continuó—. Y siempre decía una cosa.
Me miró directamente a los ojos.
—La vida es demasiado corta para tener miedo de brillar.
Las lágrimas llenaron mis ojos.
Pero el momento más emotivo aún estaba por llegar.
El hombre guardó silencio un momento y añadió:
—Esta noche, cuando la vi, sentí como si ella hubiera vuelto por un instante.
Ya no pude contener mis emociones.
Una lágrima rodó lentamente por mi mejilla.
—Gracias —susurré.
El hombre asintió y volvió a su mesa.
Pero entonces noté algo.
Alguien más había escuchado nuestra conversación.