Quizá ni siquiera habían mentido.
Sólo habían contado una versión incompleta.
Solicité los documentos antiguos que todavía existían y contraté a un abogado para reconstruir el proceso.
Nunca pudimos saber cada detalle.
Habían pasado demasiados años.
Pero todo indicaba que, tras la muerte de nuestra madre biológica, alguien consideró que don Ernesto no podría criar solo a dos recién nacidos. Mis padres adoptivos llevaban años intentando tener hijos y tenían recursos económicos.
Hubo decisiones tomadas sin transparencia, documentos incompletos y muchas preguntas que ya no tenían a quién formularse.
Don Ernesto fue el primero en quitarme un peso de encima.
—No odies a quienes te criaron.
Lo miré sorprendida.
—Ni siquiera sé qué sentir.
—Te dieron amor, ¿no?
n Ernesto fue el primero en quitarme un peso de encima.
—No odies a quienes te criaron.