Parte 2: EL LATIDO QUE CAMBIÓ TODO

El latido siguió sonando en la habitación.

Rápido.

Fuerte.

Imposible de ignorar.

Me limpié las lágrimas con el dorso de la mano mientras miraba la pequeña figura en el monitor.

Por primera vez desde que descubrí el embarazo, no sentí miedo.

Sentí que estaba escuchando una promesa.

Una vida que no tenía ninguna culpa de las decisiones de sus padres.

Afuera, detrás de la puerta, Adrian permanecía inmóvil.

El mismo hombre que podía cerrar una negociación de cientos de millones de dólares con una sola mirada no podía apartarse de aquel pasillo.

Marco salió de la pared y se acercó.

—Adrian.

Él no respondió.

—Tenemos que irnos.

—No.

—El médico de Vanessa está esperando.

Adrian finalmente lo miró.

—Que espere.

Marco bajó la voz.

—¿Escuchaste el latido?

Adrian tragó saliva.

—Sí.

Y entonces ocurrió el primer giro que ninguno de los dos esperaba.

El médico salió de la sala de ultrasonido con una carpeta en la mano.

—Señor Moretti.

Adrian se volvió inmediatamente.

—¿Cómo sabe quién soy?

—La señora Bennett dejó registrado su apellido anterior en el expediente. Y usted ya estaba aquí cuando llegamos.

Adrian miró hacia la puerta.

—¿El bebé está bien?

El médico dudó.

—Hasta ahora, sí.

—¿Es mío?

El médico lo observó durante unos segundos.

—Eso es algo que debe preguntarle a la madre.

Adrian apretó la mandíbula.

—Lo sé.

—Y hay algo más.

—¿Qué?

—La señora Bennett necesita tranquilidad durante el embarazo. Evite cualquier presión emocional innecesaria.

Aquella frase golpeó a Adrian más que cualquier insulto.

Porque entendió que, aunque biológicamente aquel bebé pudiera ser suyo, Claire ya no le debía absolutamente nada.

Cuando finalmente entró a la habitación, yo estaba sentada, mirando por la ventana.

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