Ethan seguía abajo.
Richard miraba hacia él.
No podía decir que no lo había visto.
La grabación no captaba cada palabra desde todos los ángulos, pero captaba suficiente.
Se escuchaba a Ethan pedir levantarse.
Después se escuchaba la voz de su padre diciéndole que obedeciera a Vivian.
Richard dejó de intentar acercarse al teléfono.
—Esto está fuera de contexto.
Brooke apareció detrás de él.
La bebé ya no estaba en sus brazos.
Vivian se había quedado con Chloe en la sala.
Brooke miró la pantalla.
—¿Cuánto tiempo estuvo así?
Richard se volvió.
—No empieces tú también.Brooke no retrocedió.
—Te hice una pregunta.
—No sé.
—Tú estabas aquí.
—Yo entraba y salía.
Brooke miró a Ethan.
Su expresión cambió de una manera pequeña, pero definitiva.
No parecía una mujer defendiendo su lugar junto a Richard.
Parecía alguien que acababa de descubrir que el hombre que le había explicado una historia conveniente había omitido la parte más importante.
—Me dijiste que solo había tirado juguetes —dijo.
Richard soltó una risa breve.
—Porque eso fue lo que empezó todo.
—Me dijiste que se tiró al piso solo.
Richard no contestó enseguida.
Yo tampoco.
No quería convertir a Brooke en aliada ni enemiga.
Lo que ella decidiera hacer con la verdad era asunto suyo.
Mi prioridad seguía sentada detrás de mí con un calcetín y las rodillas sucias.
Vivian apareció cargando a Chloe.
—Esto es ridículo. ¿Ahora vamos a juzgar cada minuto de una casa con cámaras?
—No —respondí—. Solo los minutos en los que un adulto obliga a un niño de cuatro años a gatear para enseñarle cuál es su lugar.