La de su propio hermano.
Marco Moretti.
Pero faltaba una pieza.
¿Por qué?
¿Por qué alguien haría algo así?
La respuesta llegó cuando revisaron los registros financieros.
Marco había esperado heredar
Pero Isabella había dejado una cláusula en su testamento:
Si algo le ocurría a Vincent o a sus hijos, la mayor parte del patrimonio quedaría protegido bajo un fideicomiso para Lucas y Leo.
Marco no podía tocarlo.
A menos que los niños nunca llegaran a controlar nada.
Vincent permaneció sentado durante mucho tiempo después de leer el informe.
No parecía el multimillonario de las revistas.
Parecía simplemente un padre que acababa de descubrir que había confiado en la persona equivocada.
—Gasté tres millones buscando una enfermedad —dijo en voz baja.
Miró hacia la habitación de sus hijos.
—Y la respuesta estaba en mi propia casa.
No respondí.
Porque sabía que todavía había una pregunta pendiente.
Una que nadie había querido hacer.
¿Quién había ayudado a Marco a entrar en la casa?
Esa noche, mientras Lucas y Leo dormían finalmente sin el sistema contaminado funcionando, escuché