A 3 semanas de casarse, volvió temprano a casa con flores para sorprender a su prometida. Pero antes de entrar en la cocina la vio derramar vino a propósito sobre el suelo que la empleada acababa de limpiar. “Límpialo otra vez”, ordenó ella. Él retrocedió sin hacer ruido y ocultó que lo había visto. Lo que descubrió durante los días siguientes fue mucho peor.

Le contó que había hablado con Elvira, Carmen, Óscar y Ernesto.

—Sé lo que Valeria hizo.

Marisol cruzó los brazos.

—Ahora lo sabe.

—Debí creerte antes.

—Sí.

La respuesta fue simple.

Y precisamente por eso dolió.

—Cuando usted me pidió que me fuera —continuó ella—, lo peor no fue perder unos días de trabajo. Fue darme cuenta de que Valeria llevaba semanas diciendo que yo era irresponsable y que, cuando llegó el momento, funcionó.

Alejandro bajó la mirada.

—Tienes razón.

—Yo no necesito que venga a decirme que ella es mala. Necesitaba que alguien me preguntara qué estaba pasando antes de decidir que seguramente yo había cometido otro error.

Él permaneció en silencio.

No había nada que discutir.

—No puedo cambiar lo que hice —dijo finalmente—. Pero puedo asegurarme de no repetirlo.

Marisol asintió, aunque no prometió regresar.

Alejandro se marchó.

La boda era 2 días después.

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