Meses después, volví al puerto donde casi perdí la vida.
El mismo océano.
El mismo viento.
Pero yo era diferente.
Un periodista me preguntó:
—¿Qué fue lo primero que pensó
cuando descubrió la traición?
Miré el horizonte.
Y respondí:
—Que querían enterrarme antes de darse cuenta de algo.
—¿De qué?
Sonreí.
—Que una mujer que ha sobrevivido a un intento de destrucción ya no tiene miedo de perder nada.
Porque ellos pensaron que estaban eliminando una heredera.
Pero cometieron un error.
No estaban enfrentándose a una fortuna.
Estaban enfrentándose a la persona que la había protegido durante años.
Y esa persona…
era yo.