PARTE 2 / El millonario regresó sin avisar y encontró a la empleada ayudando a sus hijos a dar el paso que nadie había conseguido.

Aquella frase despertó el instinto de Eduardo. Recordó que Fernando había sugerido el colchón antes de que nadie se acercara a la cama.

—¿Cómo sabías dónde buscar?

Fernando tartamudeó. Valeria intervino, pero Mateo levantó la voz.

—Las cámaras del pasillo del estudio.

Valeria aseguró que no servían. Eduardo respondió que las había revisado la semana anterior.

En el cuarto de seguridad encontraron 2 grabaciones. A las 2:47 de la madrugada, Valeria entraba al estudio, marcaba la combinación de la caja fuerte y sacaba el collar. La noche siguiente, Fernando aparecía entrando al cuarto de Lucía con el estuche.

El silencio fue brutal.

—Usaste el recuerdo de mi esposa para destruir a la mujer que salvó a mis hijos —dijo Eduardo.

Valeria alegó que protegía a la familia.

—La familia son ellos —respondió señalando a los gemelos—. Tú solo protegías una herencia que nunca te perteneció.

Eduardo llamó a su abogado y presentó una denuncia por robo, falsedad y montaje. Después expulsó a Valeria y Fernando de la casa.

Cuando el auto rojo de Fernando desapareció, Eduardo se cubrió el rostro.

—¿Qué hice?

Mateo tomó su brazo.

—Todavía puedes ir por ella.

Eduardo condujo hasta Iztapalapa. Encontró la vecindad y tocó la puerta del cuarto 6. Lucía abrió con los ojos hinchados.

—Si vino a buscar algo más, no tengo nada suyo.

—Lo sé. Vi las cámaras. Valeria tomó el collar y Fernando lo escondió. Eres inocente.

Lucía lloró, esta vez de alivio. Eduardo se disculpó sin excusas y le pidió permiso para entrar. En aquel cuarto diminuto entendió la distancia entre el mundo de ella y el suyo.

—¿Por qué no me creyó? —preguntó Lucía—. Pensé que después de tantas conversaciones sabía quién era yo.

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